lunes, junio 29

No te acostarás sin saber una cosa más...

Siempre recuerdo esa frase que me decía mi abuelo los días que, por una razón u otra, son especialmente intensos. Fue el caso del viernes pasado. 

Normalmente, no soy de las que ve mucho la televisión ni de las que escucho la radio por iniciativa propia, pero si alguien la tiene puesta, me gusta escucharla. Fue así como me enteré de la muerte de Michael Jackson. 

Tengo que decir que no soy una fan incondicional de Mike, de modo que no me puse a llorar ni grité ni hice nada parecido. De hecho sólo parpadeé y pensé "Vaya, eso sí que no me lo esperaba". Y sí, es cierto. Francamente, a nadie le gusta levantarse de buena mañana y que lo primero que oigas es que se ha muerto una persona tan importante. Porque él era una persona importante para muchas personas. Eso es más que evidente.

De modo que me dirigí a la cocina, me preparé mi desayuno y me senté frente a la televisión. La encendí y en todas y cada una de las cadenas estaban emitiendo un "Especial Michael Jackson". O si no lo estaban transmitiendo, lo estaban anunciando para después. Y no pude evitarlo, me enganché. Y eso que a mí por las mañanas no me gusta ver la televisión. (Como ya he dicho, no la veo mucho. Pero es que por las mañanas no la veo nunca).  Supongo que el viernes fue un día especial. 

No sé vosotros, pero cuando me interesa algo, a mí me gusta saberlo todo sobre ese "algo". Así que como podéis imaginar (y si no, ya os lo digo yo), me tragué todos y cada uno de los programas que echaron sobre la muerte de Mike. Empecé por la cadena Cuatro, cuando justamente estaba hablando el psicólogo-forense que suele salir en Cuarto Milenio; le siguió Antena3, con una tertulia de periodistas; después vi la TVE, dónde sólo vi unos videos y por último la 5, con Ana Rosa  Quintana criticando al cantante. Por supuesto, la cosa no quedó ahí y mientras echaban anuncios en las respectivas cadenas, yo indagaba en internet los miles de artículos publicados que había. El País, el ABC, el MUNDO, el Correo de Sevilla, La Razon, La Vanguardia, Diario 16, 20 Minutos, ADN...  Fueron sólo algunos de los artículos que me leí, entre los de periodístas profesionales e internautas aficionados como yo. Todos tenían algo que decir. En sólo una mañana aprendí más cosas de Mike que en el resto de mi vida. O quizás no sólo de él, sino de toda la gente: tanto la que le seguía como la que no. 

Eso me hizo pensar en lo curioso que es que una persona se vuelva famosa. En lo que puede llegar a influir en el resto de la gente. Y eso me recuerda que en una de las cadenas le hicieron una pequeña entrevista a un fan, tan incondicional según él, que se había operado para parecerse a él. O para ser su clon, que todo puede ser. Y todo esto seguramente me llevaría a reflexionar, como muchas veces he hecho ya, acerca del hecho de ser famoso. Pero si lo hiciera me desviaría del tema y eso no es lo que quiero. 

En realidad, lo que quería en un principio era hacer mi particular homenaje a éste hombre y es lo que sigo queriendo hacer. Pero, ¿cómo escribir de alguien a quien no conoces ni podrás conocer nunca? Sencillamente no se puede. En realidad, lo único que podemos hacer son meras especulaciones sobre lo que "parecía ser" o lo que se "suponía que era". De lo que "podía o no sentir". Pero nada más. Y es que lo que era, lo que pensaba y lo que sentía se lo llevó a la tumba, como otros tantos antes que él. 

No le recordemos por los infurtunios ni por las supuestas extravagancias. Recordémosle por lo que consiguó: Fue el primer cantante negro en salir en una portada de los Rolling Stone. Tiene el Record Guinness del famoso que más dinero ha donado a causas sociales. Fue el primero en llegar a ser un ídolo de masas mundial.

 

¡Oh! Y por si no lo sabíais tiene el album más vendido de toda la historia. 

Casi nada.

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