viernes, agosto 14

Diario de una aprendíz de escritor, día IV

¿Qué pasaría si un día te encuentras escribiendo un capítulo de tu novela y de buenas a primeras te das cuenta de que lo que acabas de escribir, cambiaría todo el sentido de la historia?

¿Ahora qué haces? ¿Lo borras? ¿Cambias el argumento? ¿Te inventas algo rápido para que "cuele"?

No sé vosotros, pero a mí no me gusta borrar nada de lo que escribo. Cualquier cosa puede servirte el día de mañana para componer algo. Os pongo un ejemplo: este blog. Todas las entradas de "Diario de una aprendíz de escritor" comenzaron siendo los borradores de una redacción que tenía que hacer para el instituto. (No, no estoy en el instituto. Afortunadamente ese tiempo ya pasó). ¡Y fijáos! Reciclando los desperdicios de la redacción, he podido dar forma a un blog que llevaba tiempo queriendo hacer.

Cambiar el argumento entero, sólo por un trozo o un capítulo, es bastante trabajoso. Sobretodo, si no tienes muy claro a dónde vas a llegar con ese capítulo.

Y, por supuesto, "inventarse algo para que cuele" queda totalmente descartado.

Si se hace algo, se hace bien. Cuesta el mismo trabajo hacerlo bien, que hacerlo mal. Es más, casi es más trabajoso hacerlo mal, ya que después tienes que rehacerlo para que quede bien.

Conclusión, ¿qué haces con ese trozo? Muy sencillo. (Sí, es tan tonto, que cuando me di cuenta me golpeé en la cabeza por no haberlo pensado antes). Tan sencillo como coger ese capítulo/trozo/párrafo, lo dejas a parte y continúas en el mismo lugar en el que habías empezado.

¡Quién sabe! Igual de ese párrafo luego sale una obra maestra.

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