sábado, agosto 8

Diario de una aprendíz de escritor

No existe una razón concreta para querer escribir una historia. Sencillamente un día, decides hacerlo y lo haces.

Y llega un momento en que deseas transmitir esa historia al público. Deseas que ellos te lean, deseas que te den su opinión. Deseas decirle al mundo: ¡Eh, aquí estoy!

Porque leer uno mismo sus propias historias no satisface igual que si alguien las lee. Y si ya no sólo las leen, sino que te dicen: Oye, no está mal. Entonces eres la persona más feliz del mundo.

Al menos, así debería ser para cuantas personas han hecho de la escritura su forma de vida. Que no su profesión. Pues no es lo mismo quien vive para escribir, que quien escribe para vivir.

Y aunque quizás yo no sea la más indicada para ser escritora, me gustaría -como mínimo- escribir algún día mi propio libro. Y poderle decir al mundo:

¡Eh, aquí estoy!

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