sábado, agosto 15

Diario de una aprendíz de escritor, fragmento I

Miro a mí alrededor y me aseguro de que nadie me observa. Cuando me certifico de que el resto de los mortales están demasiado ocupados preocupándose por el tiempo, como para fijarse en lo que hago, llamo a la puerta. La golpeo dos veces rápido, dos lenta y otras dos rápida. Justo como me enseñó Matthias. Y luego espero a ver lo que pasa.

Sólo han pasado unos segundos cuando la puerta se abre y tiran de mí hacia dentro. La sala está vacía. No hay nadie excepto yo y Matthias, y una cafetera que pega silbidos descontrolada.

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