lunes, octubre 26

Diario de una aprendíz de escritor, día X

Y llegamos a la entrada número 10.

¡Vaya! Y yo que pensaba que no pasaría del 3, que eran el número de entradas que tenía escritas. Y es que, como dijo alguien alguna vez: no sabes lo que te depara el destino. Y quien diga lo contrario, miente descaradamente.

Y no es que no sea aficionada al esoterismo, que lo soy y ¡mucho! Pero incluso para el esoterismo hay límites. Podrán echaros las cartas mil veces, podrán poneros todas las velas negras del mundo y lanzaros no sé cuantos "males de ojo", pero ni siquiera éstas últimas son cosas eternas.

Y ahora os preguntaréis, ¿y qué tiene que ver su entrada 10, con el esoterismo?

Pues nada en realidad, pero como habitualmente escribo según el hilo de mis pensamientos, muchas veces mis escritos no tienen ningún tipo de sentido continuo. Afortunadamente, esto no me ocurre cuando hablo, porque de lo contrario me vería inmersa en un mar de problemas.

Pero, a que es realmente curioso. ¿Nunca os habéis parado a fijaros en los miles de saltos que damos continuamente en nuestra cabeza? Como un pensamiento nos lleva a otro, y éste a otro, sin que ninguno de los tres tenga ningún tipo de enlace. ¿Nunca os habéis fijado?

Pues deberíais hacerlo. Escucharse a uno mismo es muy bueno. Se descubren cosas que se desconocían sobre tu misma persona. Recuerdas cosas que tenías olvidadas y eres capaz de entenderte un poco mejor. E incluso puedes llegar a responder algunas preguntas que te haces, pero que no eras capaz de responder.

Y esa es mi conclusión de hoy: escuchate a ti mismo, para que los demás te escuchen. Conócete a ti mismo, para que los demás puedan conocerte.

Y sobretodo, descubras lo que descubras, se indulgente contigo mismo. Porque, al fin y al cabo, siempre has sido así; sólo que no te habías dado cuenta.

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