sábado, agosto 8

Diario de una aprendíz de escritor, día I

Cuando un día, como cualquier otro, veas una película y pienses: yo habría hecho otro final.
Cuando un día, como otro cualquiera, termines de ver una serie y pienses: yo habría hecho otro final.
Cuando un día, como todos los demás, acabes de leer un libro y pienses: yo habría escrito otro final.
Y ese mismo día, decidas escribir ese final que te habría gustado…
Amig@ estás condenado.

Es el poder de la imaginación que te ha atrapado. Y una vez que te atrapa, ya no te deja marchar.

Pero, ¡cuidado!

Si eliges el camino de la creación, ten presente que no es un camino de rosas. Es un camino escarpado y en desnivel, en el que puede haber trampas, arenas movedizas y si te descuidas, incluso un precipicio. Pero sobretodo, es un camino largo y muy lento. Aunque tremendamente hermoso y satisfactorio.

Así que si te decides: ármate de paciencia, de voluntad y de resignación.

Porque habrá ocasiones en que quieras mandarlo todo a la basura y tendrás que coger tu paciencia, sentarte y seguir. Ocasiones en los que no seas capaz de continuar. No importa, siéntate en tu silla favorita, aférrate a tu voluntad y continúa. Y ocasiones en que lo veas todo tan negro, que ni la paciencia ni la voluntad consigan ayudarte. Es el momento para apoyarte en la resignación y de nuevo, insistir.

No lo pienses, sólo hazlo. Porque si lo piensas, entonces amig@, tu no estás hech@ para esta vida.

Diario de una aprendíz de escritor

No existe una razón concreta para querer escribir una historia. Sencillamente un día, decides hacerlo y lo haces.

Y llega un momento en que deseas transmitir esa historia al público. Deseas que ellos te lean, deseas que te den su opinión. Deseas decirle al mundo: ¡Eh, aquí estoy!

Porque leer uno mismo sus propias historias no satisface igual que si alguien las lee. Y si ya no sólo las leen, sino que te dicen: Oye, no está mal. Entonces eres la persona más feliz del mundo.

Al menos, así debería ser para cuantas personas han hecho de la escritura su forma de vida. Que no su profesión. Pues no es lo mismo quien vive para escribir, que quien escribe para vivir.

Y aunque quizás yo no sea la más indicada para ser escritora, me gustaría -como mínimo- escribir algún día mi propio libro. Y poderle decir al mundo:

¡Eh, aquí estoy!