sábado, agosto 15

Diario de una aprendíz de escritor, día V

¡¿Qué pasa con esos ánimos personajes y personajillas?!

¿A qué vienen esas caras de pesimismo y negatividad?

¿Dónde está el corage, la cabezonería y la impulsibidad?

¿Por qué decís lo intentaré, pudiendo decir lo conseguiré?

Es cierto que primero hay que intentarlo, pero ¿mientras lo intentas no estás más cerca de conseguirlo? ¡Pues dejémonos de chorradas banas y pasad al plato principal! Dejad de intentarlo y empezad a conseguirlo. Ése es mi consejo.

¿Qué no puedes? No, no me vengas con excusas. No es que no puedas, es que no te da la gana. Puede que sea dentro de un año o dentro de 20, pero "...no vamos a parar hasta conseguirlo". Hay que ser cabezotas y obstinados y pesados.

No hay que decir: ¡Lo intentaré!

No, lo que hay que decir es: ¡Lo conseguiré! Aunque tenga que ir al mismo fin del mundo, ¡por mis narices que lo hago!

(Esta es una de mis típicas frases de las que me siento más orgullosa, jeje. Y todo esto ha venido a raíz de la entrada de hoy en Escrituralandia, página muy recomendable)

Dos poemillas para reír

Lo coronaron de espinas.
Y casi lo dejan tuerto.
Hijo puta los romano',
¿No es pa' cagarse en sus muerto'?

Lo coronaron de espinas,
y lo ataron con cuerdas.
Y lleva dos mil años diciendo:
¡Viva er' Beti' man' que pierda!

Diario de una aprendíz de escritor, fragmento I

Miro a mí alrededor y me aseguro de que nadie me observa. Cuando me certifico de que el resto de los mortales están demasiado ocupados preocupándose por el tiempo, como para fijarse en lo que hago, llamo a la puerta. La golpeo dos veces rápido, dos lenta y otras dos rápida. Justo como me enseñó Matthias. Y luego espero a ver lo que pasa.

Sólo han pasado unos segundos cuando la puerta se abre y tiran de mí hacia dentro. La sala está vacía. No hay nadie excepto yo y Matthias, y una cafetera que pega silbidos descontrolada.

viernes, agosto 14

Diario de una aprendíz de escritor, día IV

¿Qué pasaría si un día te encuentras escribiendo un capítulo de tu novela y de buenas a primeras te das cuenta de que lo que acabas de escribir, cambiaría todo el sentido de la historia?

¿Ahora qué haces? ¿Lo borras? ¿Cambias el argumento? ¿Te inventas algo rápido para que "cuele"?

No sé vosotros, pero a mí no me gusta borrar nada de lo que escribo. Cualquier cosa puede servirte el día de mañana para componer algo. Os pongo un ejemplo: este blog. Todas las entradas de "Diario de una aprendíz de escritor" comenzaron siendo los borradores de una redacción que tenía que hacer para el instituto. (No, no estoy en el instituto. Afortunadamente ese tiempo ya pasó). ¡Y fijáos! Reciclando los desperdicios de la redacción, he podido dar forma a un blog que llevaba tiempo queriendo hacer.

Cambiar el argumento entero, sólo por un trozo o un capítulo, es bastante trabajoso. Sobretodo, si no tienes muy claro a dónde vas a llegar con ese capítulo.

Y, por supuesto, "inventarse algo para que cuele" queda totalmente descartado.

Si se hace algo, se hace bien. Cuesta el mismo trabajo hacerlo bien, que hacerlo mal. Es más, casi es más trabajoso hacerlo mal, ya que después tienes que rehacerlo para que quede bien.

Conclusión, ¿qué haces con ese trozo? Muy sencillo. (Sí, es tan tonto, que cuando me di cuenta me golpeé en la cabeza por no haberlo pensado antes). Tan sencillo como coger ese capítulo/trozo/párrafo, lo dejas a parte y continúas en el mismo lugar en el que habías empezado.

¡Quién sabe! Igual de ese párrafo luego sale una obra maestra.

Hoy empezamos con una cancioncilla

Somos los congitos,
Y estamos requete bien.
Vestidos de chocolate,
¡Con cuerpo de cacahue'!

jueves, agosto 13

Un poemilla para terminar el día

Ciento frío,
Ciento gente.

Ciento quince,
Ciento veinte.

Diario de una aprendíz de escritor, día III

Algunos días te levantas con ganas de hacer nada. ¿Os ha pasado alguna vez?

Esos días que te despiertas en tu cama, miras por la ventana y lo ves todo oscuro; pero que en realidad ya está claro el cielo y son tus legañas las que no te dejan ver. ¿Lo habéis sentido alguna vez?

Días en los que te quedarías dando vueltas en la cama. En los que como mucho, te levantarías para comer e ir al servicio. Días en los que te duele la cabeza y te mareas al intorporarte de la cama, y te dices, voy a dormir un rato más. Pero entonces recuerdas que te quedan muchas cosas por hacer. Como terminar un par de reportájes fotográficos para clase o escribir un poco más de tu novela. ¿Los habéis tenido alguna vez? Para ir más lejos -cáptese la ironía- hoy ha sido un día de esos. Para mí, claro.

¿Y qué puedes hacer? Te preguntas. ¿Me rindo a mis deseos o hago un sobreesfuerzo, me levanto de la cama y comienzo el día?

¡Ay, amig@s! Y es aquí precisamente dónde se ve cómo es cada uno. Y cómo afronta los retos en la vida. Porque luchar contra tus deseos, tus miedos y tus impulsos, no son más que retos. Aventuras, pruebas que nos pone la vida para que nos superemos día a día. No diré qué debéis hacer, pues creo que eso debe decidirlo cada cual a su modo, pero sí os diré lo que hice yo.

Me levanté, desayuné, me vestí, cogí mi cámara y salí a la calle. Me había puesto el reto de terminar unos reportajes para clase de fotografía. (¿No os lo he dicho? Pues sí, estudio fotografía) De hecho, me reté a no volver a casa hasta que, cómo mínimo, la mitad de la targeta estuviese llena. ¿Y sabéis qué? Salir a la calle me despejó, me quitó el dolor de cabeza y me inspiró tanto, que ahora tengo que vaciar 4Gb. Y pasar a ordenador diez hojas escritas a doble cara.

Mirad por donde, había salido a hacer fotografías y no sólo las hice, sino que tabién terminé un par de capítulos.

¿Quién dice que lo que comienza con un día horrible no se puede convertir en uno genial?

miércoles, agosto 12

En días malos, algunas luces se encienden

Sí. Las personas tienen días malos.

El mio, salvo por un par de excepciones, lo ha sido.

Pero sólo por ese par de excepciones, vale la pena haber vivido este día.

Un poemilla para empezar el día

Me lo dijeron ayer las lenguas de doble filo,
Que te casaste hace un mes y me quedé tan tranquilo.
Otro en mi caso se hubiera echado a llorar,
Pero yo cruzándome de brazos dije que me daba igual.
Porque sin ser ni tu marido ni tu novio ni tu amante,
Soy el que más te ha querido, y con eso tengo bastante.

lunes, agosto 10

Diario de una apredíz de escritor, día II

De vez en cuando, sucede. La inspiración se va y no tienes ganas de escribir.

¡Pero no! No debéis rendiros tan fácilmente. Debéis echar mano de toda vuestra fuerza de voluntad y sentaros frente al ordenador o vuestra libreta y escribir. No importa que sea una frase o un pequeño párrafo lo que consigáis. Pero nunca dejéis de escribir.

Yo ya lo había leído muchas veces, eso de que la inspiración se puede domesticar. Y es cierto. Si pones de tu parte, y escribes, aunque no tengas ganas, puede que ni el primer ni el segundo día funcione. Pero ya verás como al tercero, hay algo.

Lo sé, lo he comprobado.