viernes, septiembre 3

Refrán Valenciano

De la cara et caigui un ull
del canó la gargamella
i del costat una costella,
que un mal metge et tregui el fetge
i et posi les tripes a soleiar
i que Deu et dongui un mal de ventre
que mai més puguis cagar.


Refrán Valenciano

jueves, septiembre 2

Exámenes de Septiembre (1ª parte)

Y el que no piense como yo... que piense lo que le de la gana.

Los exámenes de septiembre han dado comienzo. Al menos en mi escuela. (Aunque en realidad empezaron ayer, pero como el mío ha sido hoy...). 

Como todos, o al menos eso creo, a mi tampoco me gustan los exámenes. Son engorrosos, nos quitan tiempo de otras cosas que podríamos hacer y además te envuelven en una capa de nervios de la que es difícil -por no decir imposible-, salir.

Yo, -para no ir más lejos- llevo con un dolor de cabeza constante durante una semana. Y estoy yendo al baño de lo lindo, no sé si me explico. No paro de andar como un león enjaulado por toda la casa, con la consecuencia de poner nerviosos a mis padres y a todo quisqui que se encuentre a mi alrededor.

En cosa de nervios, yo soy muy particular, como el patio de mi casa -...si llueve se moja, ¡como los demás!-. Y es que yo no estoy nerviosa hasta dos días antes del juicio. Hasta ese momento, soy la persona más optimista que te puedas echar en cara. Sonrío y asiento, ¡claro, of course que voy a aprobar!

Y entonces llega el día anterior de la sentencia, y que si dolor de barriga, dolor de cabeza, que si tengo taquicardia, que si no puedo estudiar, que si ahora me enfado y me pongo a gritar. Me vuelvo insoportablemente insoportable. Lo reconozco. Si me viese desde fuera me pegaría un par de collejas a mi misma al estilo Gibbs (NCIS).

No puedo pegar ojo y cuando por fin cojo el sueñecito me tengo que levantar, porque claro, hay que repasar. Y no tienes ninguna [piii] gana. Al final, tras lavarte la cara, después de compadecerte varias veces y llamar a mil y un diablos, por fin haces acopio de voluntad y te pones frente a los libros. Y cuando empiezas no puedes parar.

Y ¡cuidado! con llegar tarde al examen. Al cual llegas bien, pero por los pelos. Como siempre.

Plantan el examen bajo las narices y ¡ostia! te sabes más de lo que pensabas. Te pones a escribir como un loco, y cuando menos te das cuenta,... se te acabó el tiempo. Y pienso, tendría que haber ido más rápido -sí, como si la pobre de tu mano diera para más-. Y demonios, sales con aún más preocupaciones de las que tenías antes de entrar. Pero ya a lo hecho, pecho.

Sólo queda esperar.

¡Cruzad los dedos por mí!

martes, agosto 31

Diario de una aprendíz de escritor, día XVIII

Últimamente sólo tengo ganas de hacer una cosa: escribir.

Sí, sí, ya sé que, en teoría, debería ser una buena noticia. Pero no lo es. Porque justo ahora debería concentrarme en aprobar mis exámenes de septiembre, y no pensar en lo mucho que me gustaría estar hora tras hora dejando volar mi imaginación frente a la pantalla del ordenador.

¿A qué es una putada? ¡Qué si lo sabré yo!

Después de meses de bajón, la inspiración y las ganas me vienen dos semanas antes de enfrentarme a septiembre. Desde luego los musos tienen una irónica forma de jodernos la vida.

No pueden llegar cuando tenemos tiempo y podemos dedicarnos a escucharles con todos los sentidos, no, ellos se aparecen nada más y nada menos cuando la presión y la ansiedad y las ganas de olvidarte del mundo se ciernen sobre nosotros.

Y repito: es una pu-ta-da.
Con todas las letras.

Y ahora que medio me he desahogado, voy a volver a mis libros. No sin antes disculparme por mi algo poco afectuoso vocabulario.

Señores, señoras, que tengan un buen día.